Albina Ruiz, una figura destacada en la gestión ambiental de Perú, compartió su inspiradora trayectoria que la llevó desde las profundidades de la Amazonía hasta convertirse en ministra de Ambiente y una pionera en la dignificación del oficio de reciclador. A sus 65 años, su historia es un testimonio de perseverancia y visión, marcada por un compromiso inquebrantable con la gestión de residuos y la economía circular.

Originaria de Moyobamba, en la Amazonía peruana, Ruiz se trasladó a los 16 años a El Agustino, uno de los distritos más vulnerables de Lima. La imagen impactante de enormes montañas de basura, que la superaban en tamaño, y la aparente ineficacia de los servicios de limpieza la confrontaron con una realidad que la impulsó a la acción. Esta experiencia temprana sentó las bases de su futura vocación.

Tras esta vivencia, Ruiz se involucró de lleno en el sector de la gestión de residuos. En sus propias palabras, se “subió al camión de basura” y, desde entonces, no ha abandonado su lucha por transformar este ámbito. Su dedicación la llevó a fundar una organización no gubernamental enfocada en la gestión de residuos, un paso crucial para canalizar sus esfuerzos y generar un impacto tangible.

Uno de los hitos más significativos de su carrera fue la promoción e impulso de la primera ley de recicladores en América Latina. Esta iniciativa buscó formalizar y dignificar el trabajo de miles de personas que desempeñan un rol fundamental en el ciclo de reciclaje, a menudo en condiciones precarias. La ley representó un avance histórico en el reconocimiento de estos trabajadores y en la estructuración de un sistema de reciclaje más justo y eficiente.

Ruiz es una ferviente defensora de la necesidad de dignificar el oficio de la recogida de basuras y de avanzar decididamente hacia un modelo de economía circular. Este enfoque promueve la reutilización, reparación y reciclaje de materiales, minimizando la generación de residuos y optimizando el uso de los recursos. Su visión trasciende la mera gestión de desechos, apuntando a un cambio de paradigma en la producción y el consumo.

La exministra ha abogado consistentemente por políticas públicas que reconozcan el valor ambiental y social del reciclaje, promoviendo la inclusión de los recicladores en cadenas de valor formales y fomentando la innovación tecnológica en el sector. Su legado se proyecta como un modelo a seguir para otros países de la región, incluyendo Ecuador, que buscan fortalecer sus estrategias de sostenibilidad ambiental y justicia social.

Basado en información de EL PAÍS.