Un alarmante número de mujeres jóvenes en México, cercano a una de cada tres, padece insomnio crónico. Esta problemática de salud, que afecta desproporcionadamente a este grupo demográfico, ha sido objeto de estudio por parte de expertos de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

La prevalencia del insomnio es significativamente más alta en mujeres jóvenes, una tendencia que los especialistas están analizando en profundidad. Diversos factores, tanto biológicos como psicosociales, contribuyen a esta disparidad. Entre las causas biológicas, se señalan las fluctuaciones hormonales propias de la edad, como las asociadas al ciclo menstrual, el embarazo o el posparto, que pueden alterar los ritmos circadianos y la calidad del sueño. Estos cambios hormonales pueden generar mayor sensibilidad al estrés y a las emociones, lo que a su vez dificulta conciliar el sueño o mantenerlo durante la noche.

Además de los aspectos hormonales, las presiones sociales y culturales ejercen un peso considerable. Las mujeres jóvenes a menudo enfrentan expectativas complejas relacionadas con el rendimiento académico, profesional y personal, lo que puede generar ansiedad y preocupación. La carga mental asociada a la gestión de múltiples responsabilidades, sumada a la exposición constante a pantallas y redes sociales, especialmente antes de dormir, interfiere con la producción de melatonina, la hormona reguladora del sueño. La falta de un ambiente propicio para el descanso, como ruidos o luz excesiva, también agrava la situación.

La salud mental juega un rol crucial. La ansiedad y la depresión son comorbilidades frecuentes en personas con insomnio, y las mujeres jóvenes, en particular, pueden ser más susceptibles a desarrollar estos trastornos debido a una combinación de factores genéticos, biológicos y ambientales. El insomnio crónico, a su vez, puede exacerbar los síntomas de estas condiciones, creando un círculo vicioso difícil de romper. La falta de sueño reparador afecta la concentración, el estado de ánimo, la memoria y la capacidad de afrontar el estrés diario, impactando negativamente la calidad de vida.

Para prevenir y tratar el insomnio, los expertos recomiendan establecer rutinas de sueño regulares, incluso los fines de semana, y crear un ambiente de descanso óptimo, oscuro, silencioso y fresco. Es fundamental limitar la exposición a dispositivos electrónicos y la cafeína, especialmente en las horas previas a acostarse. Técnicas de relajación como la meditación o la respiración profunda pueden ser de gran ayuda. En casos persistentes, se aconseja buscar la orientación de profesionales de la salud para evaluar posibles tratamientos, como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), considerada el tratamiento de primera línea y altamente efectivo.

Basado en información de Infobae.